sábado, 22 de marzo de 2008

Una noche miré las estrellas

Una noche miré las estrellas. Antes cavilaba por los montes de mis Monegros, donde el silencio no es yermo ni la soledad ausencia. Donde el Sol no es misterio y la noche es un abismo por el que perderse. El crepúsculo devoró el tiempo y deambulando atisbé un nuevo horizonte. Me tumbé. Mi tacto con la tierra, con su dureza. La espalda, reposada en un laberinto de relieve, siente esa dureza y conoce esas noches estrelladas que nunca se pueden explicar. Observé estrellas, infinitas estrellas, dibujé las constelaciones y me imaginé otras; conté las estrellas y contemplé sus colores. Todos los colores que imaginé brillaban y lucían en un cielo de neón, era como si las auroras boreales hubiesen descendido a la mismísima estepa Monegrina.